Chile, el país de las montañas prohibidas


El año 2009, el diario La Segunda publicó este artículo que habla de la realidad de Chile y el acceso a las montañas. Seis años después, la realidad no ha cambiado en nada, muy por el contrario, el acceso cada año es más complicado y la propiedad privada va ganando territorio y quitándonos el derecho de disfrutar de un país que cada día es menos nuestro.

La Segunda bajó el artículo, y ha ido paulatinamente desapareciendo de internet. Quizás por los años transcurridos, o por interés de alguien. Acá se los compartimos para que puedan leerlo.

por Cristián Donoso – Kayakista y explorador

Hace un par de meses la Federación de Andinismo de  realizó a su sede de Almirante Simpson 77, uniendo su sala de reuniones con las oficinas contiguas, para dar forma a un nuevo espacio de conferencias y exposiciones, el «Auditorio Feach».

En la remodelación se sacaron varias de las viejas  que colgaban de los muros. Sin embargo, se mantuvo en el lugar una antigua panorámica de los Andes centrales, la que a pesar de su deterioro, y de haber sido tomada en blanco y negro, expresa en toda su magnificencia el espectáculo que ofrecen los glaciares Juncal Sur y Olivares.

El tamaño de estos glaciares es sorprendente. Suman más de la mitad de las superficies de  que existen en la cuenca del Cajón del Maipo, los cuales en su conjunto superan los 400 km2 (Marangunic), área que equivale a un tercio de la ciudad de Santiago.

Junto con mostrar un fragmento de ese colosal Campo de Hielo que se esconde a sólo 30 kilómetros de Santiago, la  también nos dice otras cosas. Nos habla de un mundo prohibido. La foto fue tomada desde la cumbre del cerro Negro.

¿Alguno de ustedes ha estado en la cumbre de esa montaña?

¿Alguno ha escuchado siquiera hablar de ella? Probablemente no.

Y eso a pesar de que se puede acceder fácilmente a su , por el sur, subiendo por el estero San Francisco, tributario del río Mapocho, y por el norte, subiendo por el río Blanco, tributario del Aconcagua.

Pero algo se interpone entre nosotros y esa montaña, entre nosotros y esa imagen nostálgica que parecen atesorar los muros del Auditorio Feach.

Tres cercos casi inexpugnables nos cierran el paso: primero el de la propiedad privada, luego el de una sociedad con escasa vocación democrática, y finalmente el de un Estado que no comprende la real dimensión del ejercicio de la soberanía.

Por el sur del cerro Negro, ese murallón se llama mina Los Bronces, Disputada de Las Condes, de propiedad de Anglo American, grupo de recursos con sede en Londres, y por el norte, se llama Yacimiento Río Blanco, de propiedad de Codelco.

Si comenzamos a buscar otro , ahora no específicamente al cerro Negro, sino que a  ese reino de hielos de los Olivares y Juncal Sur, una lógica parece estar en el río Olivares, hacia donde desagua el deshielo de esos glaciares.

Pero ahí nos encontramos con otro muro,  formidable que nos detiene a más de 50 kilómetros de esos hielos. Se trata de las centrales hidroeléctricas Alfalfal-Maitenes, de propiedad de AES Corporation, una de las empresas de energía más grandes del mundo, con utilidades anuales que en 2007 superaron los 13.000.000.000 de dólares, suma equivalente a casi la mitad del presupuesto del Estado de Chile para ese mismo año.

Esas dos centrales de AES Corporation, situadas cerca de la desembocadura del río Colorado, impiden el acceso no sólo al río Olivares, sino que también a los extensos valles cordilleranos de los ríos Colorado y Tupungato, un área de 1100 km2 que equivale a toda la superficie ocupada por la ciudad de Santiago.

En los márgenes de esos valles se sitúan algunas de las montañas más paradigmáticas de los Andes Centrales: el volcán Tupungato, el Tupungatito, el nevado El Plomo, los cerros Bismark, Rabicano, Las Polleras, El Plomo, Pico Negro, Echaurren, entre muchos otros.

Pero sigamos hacia el centro del Cajón del Maipo, moviéndonos al sureste de Alfalfal-Maitenes por el borde de la gran muralla. Ahí nos encontramos con el gran cerro Peladeros. Su cumbre, el santuario más austral del imperio Inca, ahora ya no es propiedad del dios Inti, creador del universo en la cosmovisión aimara, sino que de doña Sara Larraín. Las casas de su fundo nos cierran la entrada al sector denominado «Los Tres Esteros», acceso normal a la cumbre de esta montaña, cuya cara oeste se puede apreciar en todo su esplendor desde la localidad cajonina de «El Manzano».

Otra posibilidad para acceder a la cumbre del Peladeros está en un antiguo sendero que nace en el sector de las lagunas Negra y Lo Encañado. Pero el acceso a ese sector también se encuentra cerrado, esta vez por Aguas Andinas S.A., empresa controlada por la española Aguas de Barcelona (Agbar).

Siguiendo más al sureste por el borde de este verdadero muro de Berlín que corta en dos la región Metropolitana, nos encontramos con la barrera de otro paraíso prohibido. Se trata del extenso valle del curso alto del río Maipo, donde se ubican el volcán Maipo, el nevado Argüelles, y los cerros del Diablo, Catedral del Barroso, Cruz de Piedra, entre muchos otros.

El acceso a ese valle, que posee más de 60 kilómetros de largo, ha sido totalmente cerrado por GASCO GLP S.A., empresa controlada por la Compañía General de Electricidad S.A.

Así, la mayor parte de los valles, ríos y montañas del Cajón del Maipo se encuentran actualmente cerrados y con acceso prohibido.

En la alta montaña, las poquísimas cumbres exceptuadas de esta regla general, son las que se ubican en los valles de los ríos Yeso y Volcán, donde se encuentran las localidades de El Volcán, Baños Morales y Baños Colina.

Desde esos dos valles es posible acceder al volcán San José y a los cerros Marmolejo, Morado, San Francisco, Cortaderas, Mesón Alto, Retumbadero, entre otros (no muchos otros).

El libre acceso a las montañas en ese pequeño sector, uno de los últimos reductos donde aún puede practicarse montañismo en la cordillera de Santiago, ahora se encuentra amenazado con el proyecto hidroeléctrico Alto Maipo, impulsado por la misma AES Corporation, que persigue cerrar los valles del Morado y de la Engorda, y de esa forma clausurar los accesos normales al Volcán San José y cerro Marmolejo. El Marmolejo es la cumbre sobre 6000 metros más austral de la Tierra.

Como vemos, desde el cerro Juncal hasta el volcán Maipo se ha formado una barrera casi infranqueable entre nosotros y nuestras montañas. Y digo «nuestras», porque en la mayoría de los casos se trata de bienes nacionales, de propiedad del Estado de Chile, organización que nos representa a todos como colectividad, como nación políticamente organizada.

Esta muralla formada por la propiedad privada de las grandes compañías puede ser incluso más inexpugnable que las fronteras nacionales, que nos separan de nuestros países vecinos, ya que en varios casos es mucho más factible conseguir un permiso para cruzar a Chile desde Argentina y acceder así a los valles y montañas fronterizas, que conseguir un permiso de algunas de las empresas dueñas de los portones de los Andes centrales, que cierran el acceso desde Chile hacia esos sectores.

El Estado de Chile estuvo dispuesto a enviar a miles de chilenos a morir a una guerra para defender la posesión de tres pequeñas islas ubicadas en uno de los sitios más inaccesibles de nuestro país (Picton, Nueva y Lenox), pero no tiene problemas en que un puñado de empresas cierre el acceso a un inmenso territorio inmediato a nuestra ciudad capital, territorio varias veces más grande que esas pequeñas islas.

Quizás en vez de destinar tantos recursos del presupuesto nacional -plata producida por todos nosotros- a comprar más y más armamento, el Gobierno podría hacer algo más económico y efectivo para salvaguardar la seguridad nacional, evitando que sigan avanzando estas fronteras internas que se ciernen sobre la ciudad de Santiago, la más poblada de nuestro país.

Hace más de 2000 años, los Romanos, muy respetuosos del Derecho de Propiedad, enfrentaron esta misma dificultad y encontraron una solución. Ella se llamó «servidumbre de paso», una herramienta legal que ha llegado hasta nuestros días a través del Código Civil.

El Gobierno sí puede abrir esas fronteras internas y permitirnos el acceso a ese mundo prohibido, dándole a esos bienes nacionales el carácter de uso público, y constituyendo servidumbres de paso.

En el Derecho chileno, así como el de Inglaterra, Estados Unidos o de cualquier otro país que podamos considerar como paradigma del capitalismo, se entiende que la propiedad privada se encuentra limitada por el bien común.

Entonces, ¿cómo se justifica que 110 kilómetros de valles (Olivares y Colorado) sean cerrados porque en la desembocadura de esos valles se instala una central hidroeléctrica (AES Corporation)? ¡110 kilómetros es la distancia que hay entre Santiago y Valparaíso!

¿Se imaginan lo que sería un circo de glaciares como los Olivares, ubicado a sólo 30 kilómetros de cualquier capital del mundo?

¡Posiblemente sería un destino turístico y deportivo de gran relevancia!

Pero qué se puede esperar de un país como el nuestro, donde es posible tan sólo plantear un proyecto como Alto Maipo, que pone en riesgo el abastecimiento de agua de la Región Metropolitana. Un riesgo especialmente grave teniendo en consideración que el Calentamiento Global podría afectar de manera importante el abastecimiento de agua en esta región.

Al calentarse progresivamente la atmósfera, la altura donde se forma la nieve irá subiendo, dejando menos reservas de agua para las estaciones secas.

Esas reservas estarían aún más disminuidas con un proyecto como Alto Maipo, que plantea aumentar el escurrimiento del agua caída, secando las napas que se forman en la montaña, y disminuyendo así la disponibilidad de agua en épocas secas.

Quizás sean nuestros hijos, nietos o bisnietos, quienes viviendo en un país más democrático, que privilegie el interés común por sobre el interés individual de corporaciones nacionales y extranjeras, puedan visitar, conocer y disfrutar esos inmensos parajes cordilleranos, las «majestuosas blancas montañas, que nos dio por baluarte el Señor», como dice cierta canción, cantada con tanto entusiasmo por estos días.

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